La obesidad y cáncer

Obesidad y canser

La tormenta perfecta

Los estilos de vida, principalmente sedentarismo y dieta occidental, producirán un incremento de neoplasias asociadas a obesidad y de consultas de pacientes obesos con cáncer. 

El cáncer es una de las principales causas de muerte en el mundo. En el mundo es la segunda causa de mortalidad en adultos, precedida por las enfermedades cardiovasculares. Mientras factores genéticos y hereditarios explican 5-10% de las causas conocidas de cáncer, factores ambientales y estilos de vida dan cuenta de más del 90% restante.
La dieta, tabaco, consumo de alcohol, infecciones, obesidad, agentes contaminantes y exposición a radiaciones, influyen profundamente en el desarrollo de neoplasias, y se ha demostrado que prevenir la exposición a agentes cancerígenos ambientales tiene gran impacto en la incidencia de cáncer; como se observa en la reducción de incidencia y mortalidad por neoplasias de la vía respiratoria digestiva alta, luego de la disminución del hábito tabáquico.
En sujetos no fumadores, la obesidad, dieta y actividad física son los principales factores de riesgo (FR) asociados a neoplasias. Se estima que 30% de la población adulta en países desarrollados es obesa, porcentaje similar a los países occidentales, incluido el Perú, por tanto, esta característica, en no fumadores, es el FR carcinogénico más prevalente.
Cambios en los estilos de vida, principalmente sedentarismo y dieta occidental, producirán un incremento de neoplasias asociadas a obesidad y de consultas de pacientes obesos con cáncer. Es importante, por tanto, conocer los mecanismos biológicos que subyacen a esta asociación y el manejo del cáncer en obesos.

Evidencia epidemiológica

La Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC) y la World Cancer Research Fund (WCRF) sugieren que existe evidencia convincente de la relación entre obesidad y neoplasias de: Esófago (adenocarcinoma), páncreas, cáncer colo-rectal (CCR), cáncer de mama (CM) en postmenopáusicas, endometrio, renal, y probablemente cáncer de vesícula. Basado en estas presunciones, la obesidad sería la causa subyacente de 39% de los casos de cáncer endometrial, 37% de cáncer de esófago, 25% de cáncer renal, 11% de CCR y 9% de CM en mujeres postmenopáusicas. Esta asociación obesidad/cáncer es diferente según el estado menopáusico y género, siendo la relación obesidad-cáncer de endometrio la más fuerte y consistente.
Existe un aumento del riesgo en mujeres obesas pre-menopáusicas para CCR y melanoma maligno, y aumento en postmenopáusicas para CM y endometrio. Así, mientras la obesidad se relaciona a CM en mujeres postmenopáusicas (el riesgo de CM aumenta 18% por cada 5 kg/m2 de ganancia de masa corporal), en pre-menopáusicas puede ser un factor protector, debido a la tendencia de estas mujeres a ciclos menstruales anovulatorios, con bajos niveles de hormonas esteroidales. Mientras existe una asociación positiva entre índice de masa corporal (IMC) y CCR en hombres, esta asociación es más débil en mujeres; y para cáncer de recto, en donde sólo se describe en hombres. Personas obesas también tienen mayor riesgo de padecer cáncer renal, tendencia más marcada en mujeres que en hombres. La incidencia aumentada de adenocarcinomas del esófago y de cardias, en comparación con tumores escamosos en la misma localización, ha sido atribuida parcialmente a la obesidad. Lesiones precursoras de cáncer de esófago, como el esófago de Barret, se asocian a reflujo y esofagitis, ambos más habituales en obesos. Sin embargo, el sobrepeso no explica las diferencias en la incidencia de estos tumores por sexo (el adenocarcinoma esofágico es más frecuente en hombres que en mujeres). El estudio WHI (Women’s Health Initiative) muestra que mujeres con relación cintura-cadera en el rango más alto tienen 70% de mayor riesgo de cáncer de páncreas, comparado con mujeres en rangos más bajos.
Para neoplasias de hígado y vesícula, existe una correlación lineal entre peso y riesgo, especialmente en mujeres (RR 1,88 en mujeres vs 1,35 para hombres). Existiría una relación débil o nula entre obesidad y cáncer de ovario.

Factores pronósticos

El IMC estaría relacionado a CM en etapas avanzadas, factores patológicos adversos (ausencia de receptores de estrógeno y progesterona) y menor sobrevida. Mujeres que aumentaron su IMC 2 kg/m2 tras el diagnóstico, tienen mayores probabilidades de recaída y muerte.
Mujeres obesas tienen mayor mortalidad por cáncer de cuello uterino y hombres obesos tienen con alta frecuencia tumores prostáticos de gran volumen, alta frecuencia de márgenes positivos y factores patológicos adversos. El IMC sería un predictor independiente de falla bioquímica tras prostatectomía y RT.
La obesidad no sólo aumentaría la incidencia de neoplasias hepáticas primarias sino que también incrementaría su mortalidad. Mientras confiere mejor sobrevida específica en pacientes con cáncer renal localizado, su influencia pronóstica en cáncer de ovario y de vejiga no es consistente.

Conclusiones

Mientras la asociación epidemiológica obesidad/cáncer es evidente y algunos estudios prospectivos sustentan una relación causa-efecto, sus bases biológicas no son totalmente comprendidas. Si bien la reducción de peso, en no fumadores, es “el factor modificable” más importante sobre el riesgo de cáncer, no sabemos cuánto peso es necesario perder para reducir este riesgo, qué latencia existe para el desarrollo del beneficio y cómo influye sobre el riesgo la recuperación de peso.
La prevalencia de obesidad ha aumentado considerablemente en los últimos años, a nivel nacional como internacional. El enfoque de prevención y tratamiento de ella no sólo debiera focalizarse en las enfermedades crónicas no transmisibles, sino que también debiera considerar patologías oncológicas como las mencionadas anteriormente.
Por lo tanto es importar modificar nuestro estilo de vida evitando el sobrepeso y obesidad, con mayor actividad física, evitar el sedentarismo y comida saludable.

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