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Cómo actuar con un niño tirano

¿Cómo actuar con un niño tirano? Es la pregunta que se hacen muchos padres y que intentaremos despejar en esta publicación.

Educar no es fácil y debe implicar ciertas dosis de frustración para equilibrar el amor infinito que sentimos por nuestros hijos. Si los padres ejercen su autoridad con cariño y constancia, los apuntes de tiranía deberían ir poco a poco mitigándose. El problema llega si no hay reacción por parte de los progenitores, que, en su afán de buscar una explicación-excusa a todo –“el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…- no se atreven a imponer la más mínima disciplina. El problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos. ¿Qué hacer entonces? No se trata de volver a las prácticas de antaño, sino de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia.

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Reglas básicas para frenar comportamientos tiranos

Si los padres han llegado al punto límite con sus hijos tiranos pueden –y deben– pedir ayuda externa. Primera visita: el pediatra, que les ofrecerá pautas y consejos sobre cómo actuar. Algunos niños –y sus padres– necesitan además psicoterapia dependiendo de los síntomas y de su edad. Si se trata de preadolescentes o adolescentes y ya se han vuelto agresivos, el problema es más serio y la terapia, más larga.

Además, se pueden fijar las siguientes reglas para atajar comportamientos tiránicos:

  • Ambos progenitores deben estar de acuerdo en cómo quieren educar a sus hijos, en cuál va a ser su modelo educativo y actuar ante él sin fisuras, porque si las hay, el niño se aprovechará enseguida de ellas.
  • Los padres deben ser capaces de admitir que su hijo es un tirano y no buscarle atenuantes.
  • Rutina, rutina y más rutina. El día a día del niño debe estar pautado: horas fijas para comer, para acostarse, para hacer los deberes. También debe tener una serie de obligaciones en casa –hacer la cama, poner y quitar la mesa, etcétera– de las que no se puede escabullir. Y normas muy claras sobre su tiempo de ocio.
  • Nada de amenazas. Las amenazas transmiten inseguridad al niño y sólo logran aumentar su tendencia a la negación.
  • No se trata de prohibirlo todo después de haberle dejado hacerlo todo. Una vez dicho una cosa, no hay que retractarse, así que más vale pensar con calma antes de hablar y actuar.
  • No hay que ponerse a la altura del niño: si grita, patalea y monta una escenita, hay que respirar y contenerse. Nada de chillidos, sofocones o tortazos, mejor esperar a que se calme sin hacerle el más mínimo caso.
  • No sirve de nada argumentar sin fin, el niño tirano no está acostumbrado a las palabras. En vez de discutir, hay que recordarle cuáles son las reglas que hemos fijado y su deber de respetarlas.
  • Tampoco sirve pedirle que se ponga en tu lugar: justamente una de sus características es su falta de empatía.
  • Recordar que los milagros no existen y la educación es una carrera de fondo: puede que no haya resultados inmediatos, pero, según va creciendo, el niño logrará interiorizar nuestras enseñanzas.

 (Nota con información de: webconsultas.com)

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