La preferencia por tonos apagados puede revelar estados emocionales que muchas veces no se expresan verbalmente
La psicología del color sostiene que nuestras elecciones cromáticas no son del todo conscientes: reflejan emociones, estados de ánimo y formas de vincularnos con el entorno. En personas con baja autoestima, estudios recientes han identificado una tendencia a elegir colores oscuros, neutros o apagados, especialmente en la ropa y los espacios personales. Esta preferencia puede ser una forma silenciosa de expresar inseguridad, retraimiento o necesidad de invisibilidad.
Entre los tonos más frecuentes se encuentran el gris, asociado a la apatía y la desconexión emocional; el negro, vinculado al duelo, el encierro o la autoexclusión; el azul oscuro, que evoca melancolía y nostalgia; y el marrón, relacionado con la rutina emocional y la falta de impulso. Estas elecciones no implican necesariamente un diagnóstico, pero pueden ser indicios de un estado emocional que merece atención.
Expertos en psicología recomiendan observar estos patrones como parte de una lectura más amplia del bienestar emocional. En contextos terapéuticos, el color puede ser una herramienta para explorar el mundo interior y acompañar procesos de cambio. También se sugiere incorporar colores cálidos y vivos —como el amarillo, el naranja o el verde claro— que están vinculados a la apertura, la vitalidad y la confianza.
La ropa, la decoración y hasta las interfaces digitales que elegimos son extensiones de nuestro estado emocional. Reconocer el poder del color como lenguaje puede ayudarnos a entendernos mejor y a construir entornos más saludables, tanto física como emocionalmente.
Fuente: Infobae / 04/11/2025