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¿Cómo prevenir el moquillo en las mascotas?

El moquillo, también llamado distemper canino, es una enfermedad que normalmente afecta a perros jóvenes durante los primeros meses de edad, aunque algunos también pueden padecerlo cuando son adultos.

Se trata de una afección con un nivel de contagio muy alto que puede afectar el aparato respiratorio, el sistema digestivo y hasta los nervios de los animales. Según expertos, se trata de una enfermedad grave y de pronóstico muy reservado, dado que muchos de los animales afectados pueden morir como consecuencia de los signos clínicos que ocasiona el virus, los cuales se pueden presentar todos juntos o por separado.

La Unidad de Cuidado Animal (UCA) del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (Idpyba), precisa que esta enfermedad puede contagiarse a otros perros o animales silvestres a través de la orina, las heces, las secreciones nasales o las gotículas de saliva expulsadas por ladridos o estornudos.

Algunos de los síntomas que experimentan los animales contagiados con este virus son, entre otros: fiebre y diarrea, que no responden a los tratamientos médicos y también pueden presentar tos previo a una posible neumonía.

De igual forma, se pueden presentar secreciones nasales, oculares, decaimiento, pérdida de equilibrio, deficiencia muscular y movimientos involuntarios (tic). Adicionalmente, algunos animales pueden generar procesos o crisis convulsivas, las cuales se manifiestan a través de pequeños temblores o pueden experimentar cambios en el estado mental y dificultad para coordinar las extremidades.

Información del portal Experto Animal indica que las molestias pueden empezar con una fiebre transitoria y que el perro deje de comer, al tiempo que se produce la leucopenia, que es una baja producción de glóbulos blancos en la sangre.

“Tras este período de fiebre, el perro se mostrará sano, hasta que aparezca una segunda fase de fiebre, en este caso acompañada de una secreción nasal serosa, acuosa o con pus. También se podrá observar secreción ocular y que el perro se muestra especialmente aletargado, sin ganas de hacer nada”, precisa la mencionada fuente.

Luego aparecen los signos gastrointestinales, como vómitos y diarrea, así como los respiratorios, que incluyen dificultad para respirar o tos, provocados por infecciones bacterianas secundarias. También puede producirse dermatitis pustulosa, es decir, una lesión roja en la piel.

“Aquellos individuos que sobreviven también manifiestan hiperqueratosis en las almohadillas y la trufa, es decir, daños graves en estas partes del cuerpo, así como hipoplasia del esmalte de los dientes. Más adelante aparecerán los signos neurológicos, que incluyen contracciones musculares involuntarias, salivación, movimientos de la mandíbula, inclinación de la cabeza o parálisis”, precisa la información de Experto Animal.

La vacunación, lo más importante
En una entrevista con SEMANA, Adriana Estrada, directora del Instituto de Protección Animal, indicó que para evitar que las mascotas se expongan a esta enfermedad lo más importante es la prevención y para ello lo más efectivo es la vacunación, pues no hay otra manera de evitar que las mascotas puedan contagiarse cuando se desarrollan estos virus.

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