La ingeniera ambiental Pía Zevallos, gerente general dela startup de economía verde Libélula, asegura que la economía circular «implica disociar la actividad económica del consumo de recursos finitos, así como regenerar y eliminar los residuos desde el diseño».
En ese sentido, la tendencia se aplica a múltiples mercados, desde la fabricación textil hasta las industrias -como la del diseño- que deben establecer mecanismos de eliminación de residuos reduciendo la contaminación.
¿Cómo se extiende la economía circular en el Perú? A continuación, conocerás algunos proyectos peruanos que promueven el uso de tecnologías amigables con el medio ambiente:
Abono orgánico a base de estiércol de cuy y panca de choclo
Las estudiantes Lucía Pejerrey y Jessica Porras crearon el abono en cápsula Pacuy, un producto fertilizante que busca aprovechar el estiércol de cuy y la fibra de la panca de choclo. Este proyecto fue presentado para el curso de la carrera de Diseño Industrial de la Universidad Privada del Norte, con la asesoría de la docente Ruth Manzanares.

“Nosotras quisimos crear un producto que sea hecho a base de residuos orgánicos pero que su uso pueda adaptarse bien a los cultivos en casa. Que los huertos urbanos puedan tener un buen abono sin que esto genere mal olor o contaminación”, señala Pejerrey.
El abono en cápsula Pacuy, al ser una materia sólida, seca y compacta, es más fácil de reservar, tanto para una mayor duración como para una mejor calidad y, como cualquier otro compost, se disuelve fácilmente en la tierra al contacto con el agua.
Convierten hongos «de maleza» en productos de exportación
Gracias al Programa Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico – ProInnóvate, a través del Reto Bio 2019, el emprendimiento andino en biotecnología Simbiosis ha logrado cultivar en suelo peruano de las zonas altoandinas tres variedades de hongos gourmet, altamente valorados por el mercado gastronómico europeo.
Simbiosis nace de un trabajo de investigación universitaria del ingeniero César Huamán, fundador del proyecto, quien descubre que aquellos hongos considerados maleza por la comunidad eran comestibles y comercializables.
Con el apoyo del programa del Estado se logró construir una máquina para el secado de estos hongos, pero -como funcionaba a leña- se alteraba el olor y color propios del hongo, lo cual disminuía su valor de comercialización.