Suelen ser los hijos sobre los que más miradas pesan. Se los acusa de ser más rebeldes que el mayor, y más demandantes de atención que el menor. Como si el orden en que nacieron les diera alguna cualidad a su personalidad. Tantos son los mitos y creencias que circulan alrededor de los hijos del medio que hasta tienen su propio día mundial. ¡Y es hoy!
En su honor, quiso saber cuánto de verdad y cuánto de leyenda hay en torno a quienes nacen en el medio en una familia. Empecemos por el principio: ¿existe el síndrome del hermano del medio?
“Existen las familias, no el síndrome del hermano del medio. Si tal etiquetamiento existiese estaría otorgado desde la significación de la pareja parental y la familia en general, y consistiría en las definiciones que cada familia le otorga a ser el hermano del medio, sin que haya una especificación descrita y validada como tal”. Para el licenciado en Psicología Pablo Lanzafame (MN 49.982), “los niños atraviesan circunstancias vitales específicas, sean del medio, menor o mayor. Entonces, etiquetar a un hijo con el ‘síndrome del hermano del medio, y atribuir allí una serie de conductas sólo las refuerza sin admitir otras posibilidades, ya que los comportamientos de los niños y niñas tienden a ser congruentes con el rótulo otorgado y se retroalimentan”.
En opinión de la médica pediatra Roxana Anahí Timo (MN 88.956), “no se podría definir como un síndrome como tal, pero sí es posible afirmar que el nacimiento de cada hijo está en relación a un momento histórico, circunstancias particulares de la familia y la pareja, diferencias en torno a la experiencia, empoderamiento y situación socioeconómica de la familia”. Para la Health Coach, “todos estos factores terminan configurando un ‘momentum singular’, que determinará el tipo de vínculo con cada uno de los hijos”.
La licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247) es la del medio de tres hermanos y como tal, ante la consulta de este medio, reconoció que en algún momento creyó que iba a poder justificar algún accionar “por ser la del medio”. “Pero pensándolo seriamente creo que en este tema tampoco el orden de los factores altera el producto -opinó la especialista en maternidad y crianza-. Lo que lo altera es el modo en que nuestros padres nos fueron hablando del lugar que ocupamos y los roles que fuimos teniendo en nuestra familia. No es que el/la del medio tenga algo diferente al resto sólo por ser del medio. Pues antes de ser del medio fue el más chico o la más chica”.
Y tras asegurar que “sobre el primero sí hay mucho para decir en relación a los ideales, exigencias y mandatos que en él pesan”, destacó: “Hay tanto idilio puesto en él que al niño no le quedan muchas opciones más que ‘obedecer’, aunque cuesta, a lo largo de su vida en el mejor de los casos, irá haciendo lo necesario para salir un poco de ese lugar. Pero es habitual que los primeros hijos sean ‘más obedientes’ y los que dan ‘menos problemas’”.
Ante esta comparación -para ella- “el que sigue será seguro más ‘rebelde’ e independiente, más ‘terrible’, pero sobre todo en relación a lo que los padres estaban acostumbrados”. “Nace con padres más expertos, que ponen a prueba la experiencia para remendar errores y quizá de ahí ‘el segundo es terrible’. Y si llega un tercero ‘se cría solo’ -apuntó Ruda-. Estas cuestiones ocurren según el orden de llegada, pero tienen que ver con cómo somos como padres, ya que lo cierto es que aunque creamos que criamos igual a todos no somos los mismos padres para todos”.
Consultada sobre si puede el orden de nacimiento de los hijos tener alguna injerencia en su personalidad, Timo no dudó: “¡Por supuesto! Si bien no es el único factor condicionante, el orden de nacimiento de los hijos no es un aspecto menor a la hora de moldear su personalidad y rol dentro del clan familiar. Este es un aspecto que está presente en las tradiciones de muchas culturas milenarias”.
A su turno, Lanzafame aportó que “la personalidad no se conforma a partir de un solo hecho, como el orden de nacimiento, sino que es el resultado de una compleja trama de operaciones intrapsíquicas”.
“El desarrollo de la personalidad involucra construir la imagen de uno mismo, dar significado al mundo, relacionarse con los demás, cómo actuamos, cómo regulamos las emociones y cómo encontramos soluciones a los problemas planteados por el mundo y el entorno -amplió el especialista del Departamento de Crianza y Orientación a padres de Halitus Instituto Médico-. El orden de nacimiento, sea el primer hijo de una familia, el segundo y/o el tercero, no influye como una condición sine qua non en la conformación de la personalidad de un niño o una niña, sino que es parte del momento y contexto en el que nace y como tal va a jugar en la trama compleja que se despliega en el desarrollo de una personalidad. Es un factor más entre otros”