Las celebraciones navideñas suelen estar acompañadas de fuegos artificiales, pero el estruendo puede convertirse en un riesgo silencioso para quienes son más sensibles al ruido.
La llegada de la Navidad trae consigo luces, colores y sonidos que buscan transmitir alegría. Sin embargo, el uso de pirotecnia sonora se ha convertido en una práctica que, lejos de ser inofensiva, representa un riesgo real para mascotas y personas vulnerables.
Los animales domésticos, como perros y gatos, poseen un oído mucho más agudo que el humano. Mientras nosotros percibimos un rango limitado de decibeles, ellos captan sonidos con mayor intensidad, lo que convierte cada explosión en una experiencia traumática. El resultado puede ser ansiedad extrema, temblores, taquicardias, intentos de fuga e incluso accidentes graves.
Pero no solo las mascotas sufren. El ruido de la pirotecnia afecta también a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), personas con hipersensibilidad auditiva y quienes padecen enfermedades cardiovasculares o neurológicas. Para ellos, los estruendos no son parte de la fiesta, sino detonantes de crisis de salud y episodios de estrés que pueden dejar secuelas.
En los últimos años, varios municipios han comenzado a prohibir la pirotecnia sonora, promoviendo alternativas más seguras como espectáculos de luces silenciosas o actividades comunitarias que celebran sin poner en riesgo a nadie. Estas medidas buscan proteger tanto a los animales como a las personas, fomentando una Navidad responsable e inclusiva.
Los especialistas recomiendan, además, que las familias tomen precauciones: mantener a las mascotas en espacios tranquilos, acondicionar zonas seguras dentro del hogar, reproducir música relajante y evitar dejarlas solas durante las horas de mayor estruendo.
Fuente: Perú 21 /23/12/2025