Por: Verónica Lévano
El 2014 se cumplieron tres años de búsqueda continua en diferentes países y ciudades, entre uno y otro tratamiento donde la alternativa de solución apuntaba a una sola palabra: “Trasplante”. Al viajar a Estados Unidos para explorar esta alternativa el panorama era bastante desalentador, pues delante de él había una larga lista de espera de pacientes que también necesitaban un hígado. Sin embargo, el 2016 llegando a la ciudad de Pittsburgh, más conocida como la meca de los trasplantes tomó conocimiento de que el Dr. Thomas Starzl, pionero del trasplante de hígado, tuvo entre los profesionales que había formado al Dr. Félix Ortega. Con este conocimiento de inmediato retorno al Perú para contactarlo y presentarle su caso.
Después de esto Don Benjamín dice que las cosas se fueron concatenando de tal manera que para fines de mayo del 2016, la oportunidad de recibir un hígado se hizo tangible, un fin de semana que se preparaba para viajar a La Merced como de costumbre porque el clima cálido le sentaba mejor, su esposa lo convenció de no hacerlo y unos minutos después recibió la llamada que cambiaría todo.
El Dr. Félix Ortega indicaba que habían conseguido un donador y debía llevarse a cabo los análisis de compatibilidad a mediodía, una vez en el lugar veía que otros pacientes también se acercaron para practicarse los mismos análisis, “En ese momento todos teníamos la misma oportunidad” afirma. Un par de horas más tarde, el doctor lo contactó diciendo que era compatible y que para las seis de la tarde debía internarse por emergencia para realizar la operación. Esto bajo la condición de que al revisar el hígado del donante en sala este estuviera en buenas condiciones.

La noticia llegó a Don Benjamín con sentimientos encontrados, tener la posibilidad de recuperar su salud de una buena vez lo llenaba de alegría, pero también le invadía el miedo de no resistir y perder la vida por la complejidad del procedimiento quirúrgico, “Estaba contento porque tenía una segunda oportunidad, pero a medida que transcurrían las horas, sentía temor, había dejado todos mis pendientes a mi esposa, pero camino a que me hagan la operación, sabía que una vez en sala mi vida pendía de un hilo, la operación era de alto riesgo y mi condición no era la ideal, tenía sobrepeso, retención de líquido y otros factores que influyeron bastante” asegura Benjamín.
La preparación para la sala de operaciones tomó varias horas y casi a la medianoche el Dr. Ortega le indicó que el hígado del donante era apto para el trasplante. En quirófano lo llenaron de electrodos y numerosos aparatos para monitorear al pormenor su estado, la Dra. Teresa Ortega fue la anestesióloga que tuvo la amabilidad de estar en todo el trasplante sin tener la obligación, ni responsabilidad. La cirugía que normalmente toma 12 horas, en su caso llegó alrededor de las 19 horas por las diferentes complicaciones que se presentaron, como la ruptura de la vena cava y consecuentemente la transfusión de más de veinte unidades de sangre.
La operación se realizó correctamente, aunque el pronóstico aún se mantenía en reserva, pues el Sr. Benjamín había entrado en un estado de coma y se ayudaba con un respirador. Tras algunas semanas, finalmente despertó, su recuperación por estar entubado tomó tiempo, pero ya había superado la etapa más difícil. Pasado esto el cambio era notable “Antes de la operación, mi piel era de color cenizo, había perdido cabello, había partes de mi cuerpo donde tenía manchas por la mala irrigación, pero ahora había recobrado mi color y el cabello me había vuelto a crecer” indica Benjamín Ñaña. Los doctores lo animaban a comer una buena pachamanca o saborear un chocolate para probar su nuevo hígado, aunque él no se terminaba de convencer.

Hoy a seis años de su trasplante de hígado, el Abog. Benjamín Ñaña mantiene una dieta alejada de frutos como la papaya, uvas, toronja y el licor que neutralizan los medicamentos que debe tomar de por vida, se realiza chequeos mensuales para ver que todo marche como debe ser y en general, conserva una buena salud.
El haber recibido una segunda oportunidad para vivir, le hizo acercarse mucho más a su familia y reconocer que en nuestro país hay grandes profesionales de la medicina. “Nunca voy a terminar de agradecer a Dios, al donante y sobre todo al Dr. Félix Ortega y todo su equipo, debemos reconocer lo afortunados que somos por contar con un profesional tan capaz en nuestro país y con mayor razón por tenerlo en nuestra ciudad” sostiene Don Benjamín.
El desprendimiento de una familia hace seis años le brindó una nueva oportunidad de vida a Benjamín Ñaña y el talento de un médico tan entregado a su vocación como el Dr. Félix Ortega Álvarez le permitió seguir con vida.